La gota caía una vez más, y ese sutil calvario que siempre estaba la acompañaba.
¡No grites!
No supiste caminar y empezaste a correr, las espinas supieron entrar en aquellos pies descalzos.
Te viste caer desde lo más alto, no esperaste sanar.
¿Y si mejor gritas? ¿Quién escucha?
Callar ya dolió demasiado, y nadie puede entender.
Si sonreir no te hace sentir mejor, y esa mirada tan lejana nunca se dejó de extrañar, tal vez la solución sea esperar.
Si todos los días él esta tan presente como siempre, tal vez si fue de verdad.
Si la esperanza sigue ahí, tal vez tu sonrisa algún día sea de verdad.