Era una
noche de otoño, como olvidar esas nochecitas.
Siempre que
podía volvía caminando a casa.
El cielo
estaba perfectamente despejado, y la luna estaba cortada a la mitad.
Solía tomar
ese camino, era más corto.
En un
momento empecé a escuchar el ruido de una camioneta frenando con velocidad. Un
hombre bajo de ella y me dio un sobre, subió de nuevo a la camioneta y dio
marcha a fondo.
Decidí
llegar a mi casa para abrir el sobre, aunque admito que iba muy ansioso.
Leí lo que
decía afuera. ‘’Melancolía encerrada’’.
Mientras
seguía caminando, bastante confundido, vi como en frente venía un auto, frenó
al lado mio. Bajó una mujer alta y delgada, y sin permiso me sacó el sobre.
Apurada,
volvió a subir al auto como si la estuvieran persiguiendo, arrancó y se fue con
prisa.
Explicaciones
no tengo, solo se que quizás aquella melancolía no la pude conocer, pero en los años que restaron hasta hoy,
conocí de todos los tipos, tonos y colores.
Muy pocas
veces volví a ir por ese camino, me quedó un miedo extraño. Pero hay noches que
la intriga me puede y paso por ahí a ver si los encuentro, quizás me den otro
sobre con otra duda para imaginar.