lunes, 21 de mayo de 2012

Las lagrimas iban cayendo, acompañadas por un lento vaivén.
La ciudad parecía más lejana cada vez, pero era su cabeza la que se distanciaba.
Se aisló de todo alrededor, tenía su mundo sentada en ese pequeño banquito en medio de la nada.
El leve viento que pasaba por ahí, se llevaba cada vez más de ella.
Sus ojos no paraban de llover, mientras el mundo continuaba.
El frío de la noche se mezclaba con el de su cuerpo.
La tristeza la había logrado invadir por completo.
Mientras esperaba que nada pasara, veía al mundo correr.
Esa soledad que duele, esa que pareciera miles de clavos, esa era la que ella sentía en todo su cuerpo.
Se acostó, en el mismo banquito que estaba sentada y cerró los ojos para dormirse, y nunca volver a despertar.



jueves, 17 de mayo de 2012

Como una corrida ella armaba una valija apurada. Adentro iban aquellas cosas comunes acompañadas de recuerdos y olores.
Su mente, dispersa, buscaba que más meter adentro, nada podía faltar.
Como si el tiempo gritara ella movía mas y más rápidos sus pies, acompañados por las manos.
Entre ese revoltijo de cosas, en el cajón estaba aquel recuerdo con forma, dudó un momento si llevarlo, pero prefirió no arruinarlo y dejarlo. Ella volvería, y él estaría sacandole una sonrisa cada vez que lo viera.
Sin dudar, agarro el cierre y tirando, termino aquella valija.
Nada faltaba, por lo menos no lo imprescindible.
Como si nunca hubiera salido, ya a fuera, sintió el aire y cerró los ojos. Cerró la puerta finalmente, y con una pequeña nostalgia dejó el lugar.
Nada podía ser tan malo, tenia la sonrisa chocante.