jueves, 17 de mayo de 2012

Como una corrida ella armaba una valija apurada. Adentro iban aquellas cosas comunes acompañadas de recuerdos y olores.
Su mente, dispersa, buscaba que más meter adentro, nada podía faltar.
Como si el tiempo gritara ella movía mas y más rápidos sus pies, acompañados por las manos.
Entre ese revoltijo de cosas, en el cajón estaba aquel recuerdo con forma, dudó un momento si llevarlo, pero prefirió no arruinarlo y dejarlo. Ella volvería, y él estaría sacandole una sonrisa cada vez que lo viera.
Sin dudar, agarro el cierre y tirando, termino aquella valija.
Nada faltaba, por lo menos no lo imprescindible.
Como si nunca hubiera salido, ya a fuera, sintió el aire y cerró los ojos. Cerró la puerta finalmente, y con una pequeña nostalgia dejó el lugar.
Nada podía ser tan malo, tenia la sonrisa chocante.

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