martes, 18 de diciembre de 2012

Necesitaba tenerlo, era sabido, de cualquier otra forma iba a matar.
Piel morena, ojos negros, y un pelo que mis manos amaban tocar.
Su voz era la paz misma, amaba esas mañanas que me despertaba cantando.
''Suavecito al oído, solo para mi''.
No te vayas, le decía cada mediodía entre sabanas, mientras lo hundía en abrazos. Sus besos sin embargo me despedían con una promesa implícita de volver.
Esperar a que vuelva, solo eso quedaba, mientras mi mente vagaba entre las letras de cada canción que cantaba.
Mentiría si digo que me enamoré de él antes de oírlo cantar.
¿Cuándo fue qué se perdió? Debería recordarlo ¿No?
Solo recuerdo el vacío, quizás porque todavía se siente.
Despertarme y saber que duermo es su pecho, la alegría de tenerlo cerca, de que su aroma invada mi ropa, mi cama, mi día.
Nunca fallaba, ¿Por qué no volvía esta vez?
Días, noches, viajes, esperas, reencuentros, te vas de nuevo.
¿Amor dónde estas esta vez?
No te veo volver, la preocupación me invade, y puede más que yo.
Salir corriendo a buscarte, o esperar que regreses.
Un día de atraso y todavía no viene.
Calle fría, algunas gotas que caen y mi sombra que llora.
Una guitarra tirada, tu voz rota en el suelo.
La sangre que invadía la vereda y mi rostro que llovía sin parar.
No se más nada, se que te perdí.


Yo solo canto para revivirte en mi mente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario