martes, 18 de diciembre de 2012


Era una noche de otoño, como olvidar esas nochecitas.
Siempre que podía volvía caminando a casa.
El cielo estaba perfectamente despejado, y la luna estaba cortada a la mitad.
Solía tomar ese camino, era más corto.
En un momento empecé a escuchar el ruido de una camioneta frenando con velocidad. Un hombre bajo de ella y me dio un sobre, subió de nuevo a la camioneta y dio marcha a fondo.
Decidí llegar a mi casa para abrir el sobre, aunque admito que iba muy ansioso.
Leí lo que decía afuera. ‘’Melancolía encerrada’’.
Mientras seguía caminando, bastante confundido, vi como en frente venía un auto, frenó al lado mio. Bajó una mujer alta y delgada, y sin permiso me sacó el sobre.
Apurada, volvió a subir al auto como si la estuvieran persiguiendo, arrancó y se fue con prisa.
Explicaciones no tengo, solo se que quizás aquella melancolía no la pude conocer,  pero en los años que restaron hasta hoy, conocí de todos los tipos, tonos y colores.
Muy pocas veces volví a ir por ese camino, me quedó un miedo extraño. Pero hay noches que la intriga me puede y paso por ahí a ver si los encuentro, quizás me den otro sobre con otra duda para imaginar.

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