sábado, 22 de septiembre de 2012

Entró pisando despacito en el salón, ella estaba sentada y lo miraba de reojo.
Le agarró la mano a la primera que encontró y la sacó a bailar.
Ella seguía mirando sin poder decir nada.
La milonga seguía y sentadita esperaba a que la sacara.
Pasaron una, dos, tres y hasta diez por esos pies que no dejaban de moverse.
Mientras no dejaba de mirarlo, él parecía no saber que ella estaba ahí.
El salón se fue vaciando, la noche iba llegando a su fin.
Era una madrugada un poco nublada, pero se alcanzaba ver a la luna.
Mientras iba saliendo se lamentaba un poco, en fin, esperaba encontrar un taxi rápido.
Cuando se estaba asomando a la vereda sintió como le agarraban la mano, si, era él.
Despacito la agarró de la cintura y la hizo bailar en plena calle.
Encontraron el ritmo que necesitaban, y 1 hora entera lo siguieron.
No necesitaban la música, la tenían incorporada.

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