lunes, 25 de junio de 2012

Ese día

Podría decir que recuerdo ese día a la perfección, quizás porque a partir de ese momento el mismo sentimiento que tengo ahora me invadió.
Una mañana más que despertarse temprano, mirar el celular y ver su nombre en el mensaje, sonreir y despertar con el motivo de buscar ese beso.
La taza de té que se vaciaba rápidamente y el colectivo que pasaba a la misma hora todos los días.
La parada de la plaza. Yo era la única que bajaba ahí.
La pequeña base y él adentro. Entré y le saqué un beso a los labios más lindos.
Después de un par de minutos su mano agarró la mía y tres cuadras y media después, luego de un par de ''te amo'' susurrados al oído, y besos de despedida, el me soltó y siguió su camino.
La mañana se alivianaba por el simple hecho de verlo un rato.
Horas más tarde llegué a casa, cansada como siempre, y como costumbre de lunes caí dormida.
Me levanté en la hora justa en la que tenía que bajar, no había señales de que él haya despertado, me pareció raro.
La hora de inglés que tanto me molesta, y yo en medio acordándome de que él no tenía crédito.
Salí y agarré apurada mi celular y mandé el mensaje que estaba pensando, un minuto después recibí la respuesta desde otro teléfono, pensé que había respondido muy rápido.
Al leer vi como el mensaje era más largo de lo que pensaba porque venía cortado, y cuando se completo y leí cada palabra, cambió mi cara automáticamente, en mi pecho se sintió un vacío, y vi que hubo una terrible coincidencia.
Respondí el mensaje, estaba perdida, no entendía nada.
Entré a la oficina y actué lo mejor posible.
Al llegar a casa yo seguía mandando mensajes, no había respuesta.
Mis ojos empezaron a llover sin pausa.
Le hablé cuando lo encontré conectado, seguía sin respuesta, no me hablaba.
No me quedó otra opción que decir chau.
La noche fué infernal, no paraban los llantos y faltaba la respiración, me desperté tantas veces que prácticamente no dormí.
Cada vez que abría los ojos me acordaba de lo que había pasado y seguía llorando.
Al sonar la alarma me desperté rápidamente, no tenía ganas de dormir, no tenía ganas de nada.
Los ojos hinchados y la cara más pálida que nunca, las lagrimas no dejaban de caer y por más que quisiera no las podía evitar.
Llegué a la escuela con ese vacío en el pecho, y lamentando no poder pasar a robarle un beso como todas las mañanas, esta iba a ser la primera de muchas.
No quería abrazos, no quería consuelos, solo quería estar sola y en paz.
Un día raro, me había acostumbrado a él.
Nostalgia, tristeza, todo junto lo tenía adentro mio, todo junto.
Mil cosas me pasaban por la cabeza, todas relacionadas con él.
Recuerdos y recuerdos que cortaban como navajas, y esa enorme necesidad de sentir su abrazo.
Miles de ''te extraño'' y ''te amo'' que deseaba gritar, que quería hacérselos llegar y hacer entender.
Mi mundo sigue abajo, sigue caído, y no tengo ánimos para levantarlo.
Ese día está en mi cabeza taladrándome. Que hubiera pasado si...
Ese día mató todo de mi.
Desde ese día que no lo tengo a él, a mi mundo entero, lo más lindo, lo que me hacía feliz...
Si tan solo supiera que esto no pasa, que cada día es peor...
Espero, deseo que el sea feliz, que esté bien, lo merece.
Lo necesito pero no lo sabe, le grito pero no me escucha.
No hay manera de volver el tiempo atrás.
Los días son todos igual.
Su cara esta en todos y cada uno de mis sueños, y no desaparece en todo el día.
¿Alguna vez supiste todo el tiempo que estás en mi?
Él jamás se va a ir de mi, y quizás algún día perdone todo lo mal que hice.
''Gracias por tanto y perdón por tan poco''.

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