viernes, 8 de junio de 2012

Las lagrimas no querían caer para no ser costumbre, y su cabeza hablaba sola como si de algo sirviera.
Lo único que escuchaba era el ruido de las gotas al chocar con el piso, y algunos ladridos de vez en cuando.
Había llegado a un punto en donde pensar duele, y equivocarse era terrible.
Dejó de gritar, ya no importaba que la escuchen.
No importaba lo que dijera, sus quejidos traerían problemas, y ella solo quería paz.
Tan difícil es encontrarla, mantenerla por un rato.
La angustia era invasiva, y nadie veía mas allá de sus ojos, de la sonrisa que sale para no gritar.
Nadie entiende ese deseo de libertad, de poder dar un paso sin ser juzgada.
Nada es fácil.
La conciencia no se calla, y cada día saca más y más conclusiones, pero nadie sabe, nadie entiende, todo ese dolor que silencia, por un rato de tranquilidad.

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