Salió corriendo a toda prisa. Todos la veían y nadie entendía, pero a ella no le importaba.
Tenía la cabeza como un tren, no sabía bien lo que hacía, pero no aguantaba.
Su nombre estaba escrito en todas partes, sus sueños estaban ligados a sus recuerdos, desde el momento en que se fue, su mundo fue cuesta abajo.
Su sonrisa no bastaba para estar bien, para creer que lo estaba.
Sus pies descalzos comenzaban a doler, y seguía corriendo como al principio.
Sus ojos intentaban no dejar pasar las infinitas lagrimas, inevitables.
Su cuerpo lo necesitaba más que nunca, sus días eran horas vacías.
Cada minuto dolía más.
Las piernas casi no podían seguir, pero tomo un suspiro para no parar.
Recordaba lo bien que estaba con él, y lo triste que se torno todo al perderlo.
Llego a la terminal, y sintió como su corazón latía el triple de fuerte al verlo.
Se estaba subiendo al colectivo, no alcanzó a verla.
Ella no quería gritar, sabía que no tenía que hacerlo.
Al arrancar el colectivo vio como sentía que se derrumbaba.
Vio su cara por última vez, por la pequeña ventanilla.
Se dejó caer en el mismo lugar que estaba parada, y con la cabeza gacha, se quedó pensando en ese adiós mudo.
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