miércoles, 1 de febrero de 2012

Él daba vueltas por la casa mientras la veía a ella inquita, insegura, asustada. Algo no andaba bien desde aquella noche.
Estaban comiendo, ninguno se animaba a lanzar una palabra para roper ese silencio, silencio que ya se tornaba histérico.

A él se le cayó el cuchillo...
-¿Ves que no haces nada bien? estoy harta- dijo ella, mientras que con cada palabra caía una lágrima.

Se levantó, tiro el plato, agarró su abrigo y se fué.
Por cinco minutos el se quedó paralizado sin saber uqe hacer. Cuando entendió lo que pasaba agachó la cabeza, como lamentandose, se paró, pisó el plato roto y se fué a sentar a el sillón, mirando hacia la puerta esperando a que volviera.
Él sabía que iba a volver, era la tercera vez en la semana que pasaba lo mismo, y lo preocupaba, quedarse sin utensilios.
De repente ella entro como un rayo, lo miró friamente y subió las escaleras. Él subió atras suyo.
- Me voy- le dijo- esta es la ultima vez, estoy harta.
Él cayaba todo, sabia que no tenía que decir nada.
-Esta es la última vez me entendiste?
Él entenía lo que ella quería que significara cada vez que lo decía, sabía lo que esperaba.
-Por qué tiene que ser así?- pensaba- si ella cree que yo voy a correr a buscarla, está equivocada.
No hizo nada, quizas porque él tambien estaba harto.
Casi nunca se hablaban, desde que la conoció aprendió a decirle todo con la mirada.
Ella agarró una balija, metió sus cosas, y bajó, esperando que el hiciera algo.
Él fué a sentarse al mismo sillón. Se miraron por un momento, como si se estuvieran hablando, cosas, que solo ellos entienden.
Sin dejar de mirarlo abrió la puerta, se dió vuelta y salió. Cuando cerró la puerta, sonrrieron. Ambos sabían que ese no era el fin.

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